Los costos ocultos de los combustibles fósiles

Los verdaderos costos del carbón, gas natural y otros hidrocarburos no siempre son obvios, pero su impacto puede ser desastroso.
U.S. Navy

Todos hemos pagado una cuenta de luz o comprado gasolina. Esas cuentas representan los costos directos de los combustibles fósiles: dinero pagado de nuestros bolsillos por energía proveniente del carbón, gas natural y petróleo. 

Sin embargo, esos gastos no reflejan cuánto realmente nos cuestan los combustibles fósiles, individualmente y como sociedad. Conocidos por los economistas como ‘externalidades’, los costos escondidos de los combustibles fósiles no están representados en el precio del mercado, a pesar de sus serios impactos en nuestra salud y el medio ambiente. 

Algunas veces, las externalidades como la contaminación y la degradación medioambiental son fáciles de ver y otras veces son menos obvias, como el costo del asma y el cáncer o los impactos del aumento del nivel del mar. Muchas de estas consecuencias pueden no afectarnos directamente, como si puede ocurrir con grupos sociales que han sido históricamente marginados y que viven en zonas con altas concentraciones de contaminación.

Pero los costos se acumulan en cada punto de la cadena productiva de los combustibles fósiles, y todos terminamos siendo afectados de una manera u otra. 

Los procesos de extracción pueden contaminar el agua y el aire, y afectar negativamente a comunidades locales. El transporte de los combustibles desde la mina o el pozo puede contaminar el aire, y supone riesgos de accidentes y derrames peligrosos. La quema de hidrocarburos emite toxinas y gases que provocan el calentamiento global. Y los productos residuales son peligrosos para la salud pública y los ecosistemas. 

Entender estos impactos es necesario para evaluar el verdadero costo de los combustibles fósiles y para informarnos sobre nuestras opciones para producir energía en el futuro.

¿Qué son los combustibles fósiles?

Los combustibles fósiles son recursos que toman forma sólida, líquida o gaseosa que se queman para generar energía. Incluyen carbón, gas natural y petróleo y son usados como un recurso energético en los sectores de electricidad y transporte. También son una las principales fuentes  contaminantes que causan el calentamiento global.

Minería de carbón

Hay dos métodos principales para extraer hidrocarburos del suelo: minería y perforación. La minería se usa para extraer combustibles fósiles sólidos tales como el carbón, ya sea excavando, raspando o exponiendo los recursos enterrados. Los métodos de perforación ayudan a extraer hidrocarburos líquidos o gaseosos que se pueden forzar para que fluyan a la superficie como el petróleo convencional o el gas natural. Ambos procesos traen serias consecuencias para la salud y el medio ambiente.

Minas de carbón 

En las últimas décadas, ha habido un cambio gradual en la minería de carbón de los Estados Unidos, de minas subterránea a minas de cielo abierto. La minería de cielo abierto, que es solamente efectiva en los depósitos superficiales, frecuentemente emplea técnicas altamente invasivas que incluyen la extracción de la zona y la remoción de la cima de la montaña.

Minería subterránea

El costo más obvio y severo de la minería de carbón subterránea es la amenaza que representa para la salud y la seguridad de los mineros de carbón. Cada año muchos de ellos sufren lesiones en el trabajo, algunas veces fatales. De acuerdo con la Administración de Seguridad y Salubridad Minera (Mine Safety and Health Administration-MSHA), entre el 2010 y el 2013 los incidentes fatales en las minas de carbón subterráneas en los Estados Unidos fueron 77, incluyendo una explosión en el 2010 en la mina de carbón Upper Big Branch en West Virginia, que mató a 29 mineros. 

Además de accidentes de trabajo, la minería de carbón puede conducir a desórdenes de salud crónicos. Ente otros padecimientos de los mineros de carbón, la enfermedad que continúa siendo común entre ellos es la del pulmón negro (pneumoconiosis). Esta enfermedad fue responsable por la muerte de aproximadamente 10,000 ex-mineros entre los años 1990 y 2000 y continúa hoy día.

Otro costo significativo de las minerías subterráneas es el impacto adverso en el medio ambiente. Las minas pueden colapsar o hundirse gradualmente y contaminar corrientes de agua superficiales y subterráneas. También ocurren incendios en las minas, particularmente en minas abandonadas. Y si no se protegen las minas de carbón subterráneas abandonadas, el drenaje ácido puede ser un problema de manejo ambiental a largo plazo. De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), si las minas de carbón activas y abandonadas no son manejadas adecuadamente, el agua puede correr a través de éstas y volverse altamente ácida y cargada en metales pesados. El agua de drenaje resultante es perjudicial para la vida humana, vegetal y animal. 

Jack Pearce/Flickr
El sitio Mushroom Farm, ubicado en North Lima, Ohio está plagado con drenaje ácido de mina resultado de la minería a cielo abierto de los ochenta, y de las minas subterráneas abandonadas del siglo XIX.

Minería a cielo abierto

Las minas a cielo abierto remueven el suelo para tener acceso al carbón que hay debajo, devastando los ecosistemas locales. La sustracción de la cima de la montaña es una forma de minería a cielo abierto particularmente destructiva. Este tipo de minería remueve los árboles y otra vegetación de los picos de los cerros para luego detonar cientos de metros suelo abajo usando explosivos. 

Más de 500 sitios de extracción en las cimas de las montañas están en la región de los Apalaches e impactan a cerca de 1,400,000 acres de tierra.

El proceso de extracción impacta el medio ambiente a corto y a largo plazo. A corto plazo, típicamente enormes volúmenes de exceso de roca y tierra terminan en los valles y corrientes adyacentes, alterando sus ecosistemas y desviando el curso natural de los arroyos. A largo plazo, los sitios de extracción de carbón terminan con suelos muy pobres que usualmente sólo nutren pastos exóticos, y los valles enterrados bajo residuos se renuevan lentamente. La EPA reporta que, en el año 2010, la extracción de carbón de la cima de las montañas ha enterrado cerca de 2,000 millas de corrientes nacientes de los Apalaches, algunas de las corrientes biológicamente más diversas del país.

La minería a cielo abierto también impacta directamente la salud y la seguridad de las comunidades vecinas. Los deslizamientos, los derrumbes y las inundaciones pueden tornarse más comunes y dependiendo de la composición química del depósito de carbón, las minas pueden contaminar las fuentes de agua potable local con químicos tóxicos como selenio, arsénico, manganeso, plomo, hierro y sulfuro de hidrógeno.

Un estudio de la Universidad de Harvard que evaluó los costos del ciclo de vida y los efectos del carbón en la salud pública desde 1997 hasta el 2005, encontró una conexión con enfermedades pulmonares, cardiovasculares y renales, tales como diabetes e hipertensión, una tasa baja de nacimientos y una alta ocurrencia de nacimientos prematuros asociados con las prácticas de la minería a cielo abierto. ¿El costo total? Se calcula en $74.600 millones al año, equivalente a 4,36 centavos por kilovatio-hora de la electricidad producida, cerca de un tercio de la tarifa de electricidad promedio de un hogar típico en los Estados Unidos.

Extracción de petróleo y gas

Time Evanson/Flickr
Una llamarada quemando el exceso de metano en un pozo.

El costo medioambiental y a la salud por la extracción del petróleo y el gas en las costas, y lejos de las mismas, también es significativo y con frecuencia no visto. Los impactos de los métodos de extracción no convencional como el de gas natural por fractura hidráulica (comúnmente llamada fracking) ha recibido mucha atención, pero todos los métodos de extracción de petróleo y gas tienen costos escondidos.

Impactos en el agua 

Cuando se extraen el petróleo y el gas, el agua que ha estado atrapada en la formación geológica sale a la superficie. Esta “agua producida” puede traer consigo sólidos disueltos presentes naturalmente, metales pesados, hidrocarbonos y materiales radioactivos en concentraciones que la hacen inadecuada para el consumo humano y que dificultan deshacerse de ella de manera segura. 

Cuando se utilizan los métodos de fracking, la cantidad total de agua de desecho se amplifica debido al gran volumen de agua y de químicos involucrados en el proceso. La extracción por perforación y fracking de formaciones de gas esquisto (como el Marcellus Shale) típicamente requiere de 3 a 6 millones de galones de agua por cada pozo y otros 15.000 a 60.000 galones de productos químicos, muchos de los cuales no son reportados a los reguladores federales. 

Uno de los informes patrocinados por el gobierno encontró que, del 2005 al 2009, 14 compañías de petróleo y gas usaron 780 millones de galones de productos de fracking que contenían 750 químicos y otros componentes. Otro estudio identificó 632 químicos presentes en los productos de fracking usados en la extracción de gas esquisto. Los investigadores solamente pudieron localizar 353 químicos de esa larga lista y encontraron que el 25 por ciento de esos químicos causan cáncer y otras mutaciones; y cerca de la mitad podrían causar daño severo a los sistemas neurológico, cardiovascular, endócrino e inmunológico.

Uso del suelo

La perforación de pozos, la construcción de caminos de acceso, las instalaciones de procesamiento y las tuberías necesarias para la perforación de petróleo y gas perturban grandes extensiones de suelo. Principalmente el ruido y la fragmentación de hábitats afectan negativamente los ecosistemas locales. Por ejemplo, un estudio encontró una disminución del 82 por ciento de la población de urogallo de la cuenca del río Powder en Montana entre el 2001 y el 2005, lo cual fue relacionado directamente con la producción de gas metano natural del yacimiento de carbón de la zona. 

La llegada de la tecnología de perforación horizontal, usada extensivamente en la producción de gas no convencional, ha reducido enormemente la superficie de la huella de las maniobras de perforación permitiendo que se perforen múltiples pozos desde una sola plataforma de pozos. Sin embargo, gran parte del desarrollo de los recursos de gas esquisto de los Estados Unidos está ocurriendo en lugares donde no se ha producido petróleo ni gas anteriormente (en áreas silvestres en algunos casos), requiriendo un extenso desarrollo de infraestructura y degradación del suelo.

Emisiones asociadas al calentamiento global

Las emisiones que atrapan calor en la atmósfera provenientes del gas natural no solamente son generadas cuando quemamos el gas como combustible en plantas de energía o en nuestras casas. El impacto completo del gas natural en el calentamiento global incluye emisiones de metano provenientes de los pozos de perforación y de su transporte a través de gasoductos. 

El metano, el principal componente del gas natural, es un gas de efecto invernadero 34 veces más potente que el dióxido de carbono en atrapar calor en una escala de tiempo de 100 años y 86 veces más potente en una escala de 20 años. Estudios preliminares y mediciones de campo muestran que las llamadas emisiones “fugitivas” oscilan entre 1 y 9 por ciento de las emisiones totales del ciclo de vida del gas natural. Las pérdidas de metano tienen que mantenerse por debajo de 3,2 por ciento en las plantas termoeléctricas que usan gas natural para que las emisiones de gases de efecto invernadero de su ciclo de vida sean menores que las plantas que usan carbón. 

Las perforaciones de petróleo también producen metano. Aunque puede ser capturado y usado como una fuente de energía, frecuentemente las plantas liberan o queman este gas. La liberación de metano contribuye enormemente al calentamiento global y supone una amenaza de seguridad seria. Las fumarolas de gas lo convierten de metano a dióxido de carbono, reduciendo su impacto, pero aun así libera gases de efecto invernadero adicionales en la atmósfera. El Banco Mundial estima que 5,3 billones de pies cúbicos de gas natural, el equivalente al 25 por ciento del consumo total en los Estados Unidos, es quemado anualmente en el mundo entero, generando 400 millones de toneladas de emisiones innecesarias de dióxido de carbono.

Perforación marítima 

La perforación marítima de petróleo y gas presenta muchos de los mismos riesgos que la perforación terrestre; sin embargo, estos riesgos se amplifican debido a la ubicación remota de las perforaciones marítimas y a la complicada ingeniería que se requiere. 

En el 2010, una explosión en la plataforma petrolera marítima Deepwater Horizon en la costa del Golfo de México mató a 11 trabajadores y causó el derrame de aproximadamente 4,9 millones de barriles de petróleo en 87 días. El accidente fue único en términos de su escala, pero los incidentes medioambientales y de seguridad son comunes en la industria de las perforaciones marítimas de petróleo y gas. Entre el 2008 y el 2012, las plataformas petroleras marítimas causaron 34 muertes, 1.436 lesiones y 60 derrames de petróleo de más de 50 barriles cada uno

Fuentes no convencionales 

A medida que las fuentes de petróleo de fácil acceso se van secando, las llamadas “nuevas” fuentes de petróleo están presentando nuevos problemas. Por ejemplo, las arenas bituminosas o asfálticas, un petróleo extremadamente viscoso con consistencia de mantequilla de maní, requiere considerablemente más energía para extraerla y refinarla, emitiendo en el proceso hasta tres veces más emisiones asociadas al calentamiento global que el petróleo convencional. 

Estas y otras emisiones adicionales significan que las fuentes de petróleo más sucias pueden agregar hasta una tonelada adicional de contaminación al año para suplir combustible a un automóvil convencional.

Transporte de combustibles fósiles

Luke Jones/Flickr

Dependiendo de dónde sean extraídos y usados los combustibles fósiles, estos pueden viajar largas distancias, pero el transporte de combustible puede generar su propia contaminación y aumentar el riesgo de accidentes catastróficos. 

Carbón 

En la mayoría de los casos, el carbón es transportado de las minas a las plantas de energía. En 2014, aproximadamente el 68 por ciento del carbón usado para generar electricidad en los Estados Unidos fue trasportado en ferrocarril,13 por ciento por río en barcazas y otro 11 por ciento en camión. Los vagones de tren, barcazas y camiones funcionan con combustible de diésel, una enorme fuente de dióxido de nitrógeno y hollín, que conlleva riesgos substanciales para la salud humana. Transportar carbón también puede producir polvo de carbón, que presenta serios riesgos cardiovasculares y respiratorios a las comunidades cercanas a las rutas de transporte.

 

Un mapa de emisiones de metano en Boston, proveniente fugas de gasoductos viejos.

Gas natural 

Los gasoductos de transmisión transportan el gas natural largas distancias, mientras que los gasoductos de distribución reparten el gas localmente a casas y negocios. Pero el gas natural es altamente inflamable, haciendo que el transporte desde los pozos hasta las casas y comercios sea peligroso. Entre el 2008 y el 2015, hubo 5.065 incidentes de seguridad significativos relacionados con los gasoductos de transmisión y distribución de gas natural que ocasionaron 108 muertos y 531 lesionados. 

Además de estos riesgos, los gasoductos de transmisión y distribución tienen fugas que son una fuente significativa de emisiones de metano. Un estudio reciente mapeó fugas de gasoductos urbanos en Boston, y encontró 3.356 fugas debajo de las calles de la ciudad. El estudio puntualizó que Boston no está sola, otras ciudades como Nueva York y Washington D.C. tienen infraestructura de distribución de gas vieja y es probable que haya fugas de metano similares ampliamente esparcidas.

También ocurren grandes fugas provenientes de la infraestructura de gas natural. Desde el 2015, la instalación de almacenamiento de gas natural de la compañía del sur de California, Aliso Canyon, fue el lugar con la mayor fuga de metano en la historia de los Estados Unidos con un total de 94.500 toneladas fugadas entre el 23 de octubre del 2015 y el 11 de febrero del 2016. 
 
El gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) es gas natural enfriado y condensado en forma líquida. En el 2016, existían 13 terminales de importación y exportación de LNG en los Estados Unidos. El crecimiento de envíos de LNG ha provocado preocupaciones de seguridad, particularmente cuando las terminales de LNG están cerca de áreas densamente pobladas. A raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, legisladores y reguladores han formulado políticas y reglamentaciones más estrictas para las instalaciones y envíos de LNG.
 

Petróleo 

El petróleo se transporta por los océanos en buques superpetroleros y se mueve por tierra en oleoductos , ferrocarriles y camiones. En todos los casos, el riesgo de derrames de petróleo presenta una amenaza seria al medio ambiente. El tristemente famoso derrame de petróleo Exxon Valdez 1989 derramó 262.000 barriles de petróleo en Prince Williams Sound, en Alaska, pero solamente fue el trigésimo quinto derrame más grande de un barco petrolero desde 1967. Aunque el número de derrames de petróleo ha disminuido, aún siguen ocurriendo: solamente en el 2013, tres grandes derrames de petróleo vertieron más de 5.000 barriles de petróleo cada uno. 

Los derrames y fugas de viaductos terrestres de petróleo continúan siendo un gran riesgo. Ejemplos recientes de derrames de viaductos en los Estados Unidos incluyen el derrame Enbridge en el 2010 que vertió aproximadamente 20.100 barriles en el río Kalamazoo de Michigan y en 2011 ExxonMobil derramó 1.000 barriles de petróleo en el río Yellowstone en Montana.

Quema de combustibles fósiles

Wikimedia

La quema de combustibles fósiles produce emisiones en el aire que son invisibles y muy costosas. A diferencia de las etapas de extracción y transporte, en las que el carbón, el petróleo y el gas natural pueden tener tipos de impactos muy diferentes, cuando se queman, todos los combustibles fósiles emiten dióxido de carbono y otros contaminantes del aire que son perjudiciales. Estas emisiones son costosas para la salud pública y para el medio ambiente a nivel local, regional, nacional y global.

De los muchos riesgos medioambientales y de salud pública asociados con la quema de combustibles fósiles, el más serio en términos de sus consecuencias universales y potencialmente irreversibles es el calentamiento global. En el 2014, aproximadamente el 78 por ciento de las emisiones asociadas al calentamiento global en los Estados Unidos fueron emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la producción y consumo de energía; de estas, aproximadamente el 42 por ciento fue de petróleo y otros líquidos, el 32 por ciento del carbón y el 27 por ciento de gas natural. 

Las tecnologías de generación de energía no fósiles, como eólica, solar y geotérmica, contribuyeron con menos del 1 por ciento de las emisiones totales asociadas al calentamiento global provenientes de la producción de energía. Aun cuando consideramos el ciclo de vida completo de las emisiones de carbono de todas las fuentes de energía, el carbón, el petróleo y el gas natural claramente sobresalen significativamente por las emisiones gases de efecto invernadero.

El uso de combustibles fósiles en el sector del transporte contribuye con casi el 30 por ciento de todas las emisiones asociadas al calentamiento global de los Estados Unidos, rivalizando y casi superando el sector de la energía eléctrica. 

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Contaminación del aire en Los Angeles, California

Contaminación del aire

La quema de combustibles fósiles emite un número de contaminantes del aire que son nocivos tanto para el medio ambiente como para la salud pública.

Las emisiones de dióxido de azufre (SO2), producidas principalmente con la quema de carbón, contribuyen con la formación de lluvia ácida y del peligroso material particulado en el aire. Además, las emisiones de SO2 pueden exacerbar las enfermedades respiratorias, incluyendo el asma, la congestión nasal y la inflamación pulmonar. En el 2014, la combustión de combustibles fósiles en las plantas de energía representó el 64 por ciento de las emisiones de SO2 en los Estados Unidos.

Las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx), resultantes de la quema de cualquiera de los combustibles fósiles, contribuyen a la formación de lluvia ácida y de ozono a nivel del suelo (“smog”). El NOx puede quemar el tejido de los pulmones y puede volver a la gente más susceptible al asma, bronquitis y otras enfermedades respiratorias crónicas. Los vehículos operados con combustibles fósiles son el principal contribuyente a las emisiones de NOx en los Estados Unidos.

La lluvia ácida se forma cuando el dióxido de sulfuro y el óxido de nitrógeno se mezclan con agua, oxígeno y otros químicos presentes en la atmósfera produciendo lluvia y otras precipitaciones que son ligeramente ácidas. La precipitación ácida aumenta la acidez de los lagos y los arroyos y puede ser dañina para los peces y otros organismos acuáticos. También puede afectar a los árboles y debilitar los ecosistemas de bosque.

El material particulado (hollín) produce neblina y puede causar bronquitis crónica, asma agravada y mayor incidencia de muerte prematura. En el año 2010, se estimó que esa contaminación de partículas finas proveniente de las plantas de carbón resultó en 13.200 muertes, 9.700 hospitalizaciones y 20.000 ataques cardíacos. Los impactos son particularmente severos entre los más jóvenes, los ancianos y entre quienes padecen de enfermedades respiratorias. Se estima que el costo total en la salud es de más de $100 mil millones al año.

En los Estados Unidos, las plantas termoeléctricas a carbón son la mayor fuente de emisiones de mercurio en el aire . El mercurio termina depositándose en el suelo, donde se filtra a cuerpos de agua. Ahí contamina a peces y seguidamente pasa por la cadena alimenticia a los pájaros y a otros animales. El pescado cargado de mercurio consumido por las mujeres embarazadas ha sido asociado con efectos neurológicos y neuroconductuales en bebés. Los niños también están en riesgo.

Varios estudios han buscado cuantificar los costos de salud asociados con la contaminación del aire relacionada con los combustibles fósiles. La Academia Nacional de Ciencias evaluó los costos de la contaminación del aire por SO2, NOx y material particulado provenientes del carbón y reportó un costo anual de $62 mil millones en el 2005, aproximadamente 3,2 centavos por kilovatio hora (kWh). Otro estudio estimó que el costo de la contaminación proveniente de la combustión del carbón, incluyendo los efectos de los compuestos orgánicos volátiles (VOCs, por sus siglas en inglés) y del ozono, era de aproximadamente $187 mil millones anuales o 9,3 centavos por kWh.

Un estudio del 2013 también evaluó los impactos económicos del uso de los combustibles fósiles, incluyendo enfermedades, muerte prematura, días de trabajo perdidos y costos directos al sistema de salud asociados con las emisiones de material particulado, NOx y SO2. Este estudio encontró un costo económico promedio (o el “costo agregado a la salud pública”) de 32 centavos por kWh para el carbón, 13 centavos por kWh para el petróleo y de 2 centavos por kWh para el gas natural. Aunque las estimaciones de los costos varían dependiendo del alcance y los supuestos de cada estudio, estos estudios demuestran que los costos económicos de la contaminación del aire son reales y significativos para la sociedad. El transporte de los combustibles fósiles representa la mayor fuente de contaminación tóxica del aire en los Estados Unidos, representando más de un tercio de emisiones de monóxido de carbono (CO) y NOx.

Uso del agua

En Estados Unidos, la demanda de electricidad compite con la necesidad de agua dulce limpia y abundante. A nivel nacional, se ha identificado que las plantas de combustibles fósiles y de energía nuclear han consumido tanta agua como todas las granjas del país y más de cuatro veces el consumo de todas las viviendas del mismo. Más del 80 por ciento de esta agua usada en las centrales de electricidad para enfriamiento se origina en los lagos y los ríos, impactando directamente los ecosistemas locales y compitiendo frecuentemente con otros usos como la agricultura y la recreación. Desde el 2008, cerca del 20 por ciento de las cuencas hidrográficas presentaban estrés hídrico, es decir sobredemanda.

Las plantas de energía contribuyen substancialmente al estrés hídrico de un quinto de estas cuencas. Las plantas de energía que devuelven el agua que usan a los ríos, lagos u océanos cercanos pueden poner en riesgo los ecosistemas con lo que se conoce como “contaminación térmica”. Este tipo de contaminación ocurre por la degradación de la calidad del agua resultante de los cambios en su temperatura. Algunas plantas de energía tienen grandes impactos en la temperatura de las fuentes de agua cercanas, particularmente las plantas de carbón con sistemas de enfriamiento de una sola pasada (OTC, por sus siglas en inglés). Por un sistema de enfriamiento de una sola pasada de 600 megavatios, circulan de 70 a 180 mil millones de galones de agua antes de ser reincorporados a una fuente cercana. Esta agua es mucho más caliente (hasta 25°F o 14C) que el agua extraída inicialmente. Como esta agua caliente contiene más bajos niveles de oxígeno disuelto, su reincorporación a ecosistemas acuáticos puede perturbar los ecosistemas aumentando el pulso cardiaco de los peces y disminuiyendo su fertilidad. 

Residuos de los combustibles fósiles

Chris Trebble/Public domain (Flickr)

Aunque los combustibles fósiles contienen grandes cantidades de energía, necesitan ser refinados y purificados para poder ser utilizados. Este proceso deja material residual en exceso. El manejo y desecho de estos residuos resulta en costosos retos para el medio ambiente y la salud de la comunidad

Residuos del carbón

El carbón es conocido como un combustible sucio, no solamente por su alto contenido de carbono comparado con otros combustibles fósiles, sino también porque contiene una gran cantidad de metales pesados y otros químicos altamente tóxicos. Si el carbón contiene niveles elevados de azufre, como la mayoría del carbón en el este de los Estados Unidos, tiene que limpiarse y refinarse antes de ser quemado en una planta de energía eléctrica. Este proceso involucra la trituración y lavado del carbón para quitarle materiales residuales. Luego, el carbón purificado es transportado a su destino final, dejando un compuesto barroso de carbón que contiene arsénico, mercurio, cromo, cadmio y otros metales pesados. Hasta el 50 por ciento de los materiales de carbón pre-procesados pueden terminar como desechos altamente tóxicos.

La quema de carbón produce otros residuos perjudiciales. La combustión de carbón produce ceniza de carbón, la cual puede ser volátil o de fondo. La ceniza volátil es el material que se captura con equipo de control de contaminación en las chimeneas de las plantas de carbón. Si la planta no tiene equipo de control de contaminación, estos residuos se emiten directamente como contaminación del aire. El residuo de ceniza de fondo es la substancia que se queda en el fondo de la caldera. Tanto la ceniza volátil como de fondo contienen grandes cantidades de metales pesados tóxicos que necesitan ser desechados de manera cuidadosa, y costosa.

El lodo de carbón (residuos pre-combustión) y la ceniza del carbón (residuo poscombustión) son almacenados en grandes yacimientos carboníferos. Hay más de mil yacimientos de lodo de carbón y de ceniza de carbón en los Estados Unidos, muchos de los cuales contienen cientos de millones de galones de desechos tóxicos.

Si los depósitos no están cubiertos, como por lo menos el 42 por ciento de los depósitos de aguas residuales y vertederos para residuos de combustión de carbón en los Estados Unido, o si no se les da mantenimiento apropiado a los depósitos que sí están cubiertos, los materiales químicos tóxicos pueden filtrarse a la superficie y a los suministros de agua subterránea (mantos freáticos). Se ha encontrado que la presencia de metales pesados tóxicos en el agua potable causa cáncer, defectos de nacimiento, trastornos reproductivos, daño neurológico, dificultades de aprendizaje y enfermedades renales.

La EPA ha identificado 53 depósitos de aguas residuales de ceniza de carbón que están clasificados como de “alta peligrosidad”, lo que significa que una falla en uno de estos depósitos causaría daños graves a la propiedad, lesiones, enfermedades y muerte. Durante las últimas décadas han ocurrido varias docenas de derrames en dichos depósitos en los montes Apalaches, incluyendo el derrame del año 2000 de la empresa Martin County Coal Company, en el 2008 el de Tennessee Valley Authority y el de Duke Energy Dan River en el 2014.

Aguas residuales de petróleo y gas

Cuando se extraen el petróleo y el gas, el agua previamente atrapada dentro de las formaciones geológicas emerge a la superficie. Esta “agua producida” puede llevar consigo sólidos disueltos, metales pesados, hidrocarburos y materiales radioactivos en cantidades que la convierten en no apta para el consumo humano y difícil de desechar de una manera segura. 

Las compañías de extracción con frecuencia almacenan temporalmente esta agua en pozos al aire libre con forros impermeables para evitar que infiltraciones, pero las lluvias fuertes pueden ocasionar que estos pozos se desborden. Los tanques de almacenamiento cubiertos ofrecen una opción de almacenamiento temporal más segura.

Las aguas residuales del petróleo y gas también pueden impactar la vida silvestre acuática. El petróleo y la grasa filtrados dentro de los sistemas de agua pueden adherirse a los peces y a las aves acuáticas y destruir las algas y el plancton, perturbando las fuentes primordiales de alimentación de los ecosistemas acuáticos frágiles. Además, los metales pesados de las aguas residuales pueden ser tóxicos para los peces, aún en bajas concentraciones, y pueden pasar por la cadena alimenticia afectando de manera adversa a los humanos y a los animales más grandes.

El futuro de la energía

La quema de carbón, petróleo y gas natural tienen impactos negativos serios y duraderos para la salud pública, las comunidades locales, los ecosistemas y el clima global. 

Sin embargo, la mayor parte del impacto de los combustibles fósiles están muy lejos de los combustibles y la energía eléctrica que compramos, escondidos en los gastos de salud pública y privada, en los presupuestos militares, en los fondos de asistencia para emergencias y en la degradación de los ecosistemas susceptibles. Cuando pagamos la cuenta de electricidad o combustible , no pagamos el costo del cáncer ni la pérdida de humedales frágiles, pero estos costos son reales y nos impactan. 

La energía renovable, como la eólica y la solar, conlleva muchísimos menos impactos negativos a precios cada vez más competitivos. La UCS ha trabajado por décadas en la transformación del sector eléctrico y del transporte, y está comprometida con las políticas y prácticas que incentivan la energía limpia.